La mayoría lo llama estrés. O cansancio. O simplemente «cosas de la edad». Pero hay una diferencia entre olvidar algo de vez en cuando y sentir que la mente se va apagando — despacio, en silencio, día tras día.
Si usted o alguien cercano ha vivido alguno de estos momentos en los últimos meses, lo que va a leer le afecta directamente.
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Olvida los nombres de personas conocidas incluso familiares o amigos de toda la vida
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Pierde el hilo en mitad de una frase y no logra recuperarlo
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La mente parece siempre entre nieblas incluso después de dormir bien
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Deja los objetos en sitios equivocados llaves, gafas, mando — todos los días
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Le cuesta seguir conversaciones o recordar lo que dijo hace unos minutos
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Evita situaciones sociales por miedo a parecer confuso o despistado
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Le cuesta concentrarse en cosas sencillas leer, cocinar, ver una película hasta el final
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Se siente irritable o ansioso sin motivo más a menudo de lo que quisiera reconocer
La buena noticia es que existe algo — conocido desde hace siglos en una de las poblaciones más longevas del mundo — que está ayudando a miles de personas a recuperar la claridad mental que creían perdida para siempre. Y probablemente ya lo tiene en casa.